Ser hijos de mujeres creadoras, escritoras, artistas. Nick Willing rodó y montó Historias e Segredos sobre la vida como pintora de su madre. Sheila Munro publicó Lives of Mothers and Daughters, growing up with Alice Munro. Stéphanie Argerich habla en su documental The Bloody Daughter sobre lo que significa ser hija de una genia... Y vosotrxs ¿Sois hijxs de una mujer creadora? ¿Cómo ha influido eso en vuestra vida? ¿Cómo la veis a ella y cómo la veíais en vuestra infancia?
María Isasi, actriz
▼Madrid

 

"Me pide El Espectro Invisible de Medea que escriba sobre lo que es ser hija de una genia.

Y que lo haga tomando como referencia la historia de Becky del Páramo y su hija Rebeca en Tacones Lejanos. Es inevitable el paralelismo y la cercanía. Cuando veo la película y escucho esa frase de “no podía dormir hasta que no escuchaba sus tacones al llegar a casa” es como si la hubiera escrito yo misma. Las hijas de las genias nos convertimos en madres de las genias. Las necesitamos y a la vez somos su ancla, su protección. Yo, de pequeña, no descansaba hasta que no oía a mi madre llegar sana y salva a casa. Por alguna razón sentía que algo de riesgo entrañaba lo que hacía. No sè, esos horarios de trabajo, lo incierto de la profesión, la inevitable vida social.. Sentía en primera persona esa inestabilidad.

 

Siempre dije que había tenido que compartir a mi madre con la profesión. Por lo que de ella me había quitado. Ahora que estamos en fin de año puedo decir que apenas recuerdo haberme tomado las uvas con ella. Vivir largos periodos de tiempo con su ausencia era habitual. Rodajes fuera del país, giras de teatro, festivales… Siempre de viaje, siempre trabajando. Y cada vez en un lugar distinto, con gente variopinta que a mí me parecían entonces todos demasiado estrafalarios. Tengamos en cuenta que eran los años 80. ¡Imaginaos el mundo que pasaba por mi casa!

Sentía miedo de no tenerla y a la vez de que le pasara algo. Por eso hablo de la mezcla de ser hija y madre. Porque la he cuidado desde bien jovencita. Le he hecho la comida, la he mimado cuando estaba enferma… También desde la admiraciòn. ¿Cómo no admirar esa figura mágica y perfecta subida a un escenario? ¡Esa diosa del teatro! Me llevaba con ella a los camerinos y yo me quedaba embobada viéndola transformarse en ese animal escénico. Escucharla recitar en casa una y otra vez. Textos que yo le repasaba y también me aprendía. Recuerdo sus ensayos del “Piensa en mí”. Esas notas, esa música resonando en nuestra casa una y otra vez para luego admirar esa maravilla en la pantalla. Es la canción de nuestra vida. Yo no puedo escucharla sin sentir profundamente mi amor por ella y el vacío que acompaña a esa letra. Se me encoge el alma. Verla morir al final de la película, era algo desgarrador para mí. Casi que cerraba los ojos para no vivirlo. Impensable.

 

Sus apariciones estelares, tan hermosa y elegante cuando yo siempre fui gordita. Me ponía sus ropas en casa. Empezaba yo también a desarrollar mi imaginario así  Tuve siempre esa dicotomía con su profesión. Entre rabia por arrebatármela y atracción por ese mundo. De hecho me encaminé en un principio a estudiar Ciencias Puras. No quería ni remotamente dedicarme a eso mismo. Una profesión tan dura a veces, tan solitaria e inestable. Porque también la ví sufrir cuando no sonaba el teléfono siendo entonces una madre de apenas 35 años separada y con una hija pequeña. Y me consta que a ella también le fue difícil criarme siendo actríz. Dejarme con fiebre yéndose al teatro. Como cualquier otra madre trabajadora. Cuenta que tuvo que viajar a un rodaje a Latinoamérica cuando yo apenas tenía un año y que al volver había aprendido a caminar. Sin ella. Y estaba tan enfadada con ella por haberme “abandonado” que la rehuía. Lo recuerda como uno de los peores momentos de mi infancia. Todo ese tiempo había estado en brazos de mi otra madre. Mi abuela Petra. Imposible no nombrarla. La madre de la artista sosteniendo desde casa siempre que podía.

 

Veo con el tiempo, que ambas, ella y yo, hemos velado en la sombra a esa guerrera incansable y apasionada de su trabajo, ese talento que había que cuidar y proteger, y que tanto ha aportado al mundo de la cultura, y que mil años viviera, tanto más daría. Porque como genia que es , sigue siendo una niña insaciable de conocimiento y de vivencias: Un espíritu libre como la describe mi Tío Ángel, uno se sus hermanos, otro guardían custodio.

 

Muchas veces me han preguntado si me he sentido condicionada por ser su hija. Si me ha ayudado o perjudicado en mi profesión y siempre digo lo mismo. El juicio está en los demás. Yo no he sentido nunca eso y me considero muy bien tratada y querida por todo el gremio. He podido desarrollar mi carrera al margen de ser su hija. Y lo agradezco. Que se valore mi trabajo como lo que es.

 

No puedo más que estar agradecida a la vida por ser hija de quien soy. Y seguir sus pasos. Ahora también sé que gracias a haberla compartido con ese otro mundo, me he criado rodeada de su riqueza, pasión, de personas y personajes maravillosos y vivido momentos inolvidables llenos de poesía, arte, magia y misterio.

Está claro que ha sido la mejor manera de amarme y de convertirme en quien soy hoy.

Gracias mamá."